Curso de Creación Literaria de José Carlos Carmona
"El Arte es una mentira que nos acerca a la verdad". Pablo Picasso “Escribir es un poco, como si alguien propusiera su propia candidatura para ser un gran hombre”. Witold Gombrowicz
Páginas
- Curso de Creación Literaria
- ¿Se aprende a escribir?
- Elementos
- Autoficción
- Tipos de narrador
- El canon
- Ej. Listas
- Comienzos
- Aristóteles
- Las doce etapas del viaje del héroe
- Conflictos en Antígona
- Diálogos
- Ejs. 2ª persona
- Sobre el arte de narrar
- Ensayo sobre escritura de F. O'Connor
- Entrevista a Philip Roth
- Otros textos de apoyo
- Más Bukowski
- Otro relato de Lorrie Moore
- NOVELA: 10 reglas
- Preguntas básicas para comenzar una NOVELA
- Cómo poner un Título
- Qué pide una editorial
- Lecturas recomendadas
- Revista Digital sobre Creación Literaria
- Consejos de Chuck Palahniuk
- Comparaciones
- PARÁMETROS
- Tonos
- Otros consejos
- Cómo ser un artista
- Consejos
- Mini flashback
- Las 8 leyes de Blake Snyder
martes, 17 de junio de 2025
Apuntes técnicos para crear una novela
Reglas para la superviviencia de la novela. Según Vicente Verdú
Posibles tonos para una novela
Abatido, absurdo, de admiración, afligido, agresivo, alegre, amable, amoroso, cálido, científico, cínico, cómico, compasivo, condescendiente, encorajinado, cordial, crítico, deprimido, despectivo, enfadado, entusiasta, épico, erótico, familiar, filosófico, formal, grave, histérico, horror, humorístico, iconoclasta, idealista, incisivo, indignado, informal, informativo, ingenioso, íntimo, iracundo, irónico, jocoso, melancólico, misterioso, moralista/moralizante, nostálgico, de odio, parco, paródico, periodístico, persuasivo, pesimista, ponderado, pornográfico, positivo, realista, religioso, respetuoso, reverente, romántico, sarcástico, satírico, seco, sensual, serio, solemne, sombrío, taciturno, terrorífico, tétrico, trágico, tranquilo, triste…
Ejemplo de tono en la novela 1: EL OTOÑO DEL PATRIARCA, de Gabriel García Márquez
Ejemplo de tono en la novela 2: SEDA, de Alessandro Baricco
I.
AUNQUE su padre hubiera imaginado para él un brillante porvenir en el ejercito, Hervé Joncour había terminado por ganarse la vida con un oficio insólito, al cual no le era extraña, por singular ironía, una característica tan amable que traicionaba una vaga entonación femenina.
Para vivir; Hervé Joncour compraba y vendía gusanos de seda.
Corría el año de 1861. Flaubert estaba escribiendo Salambó, la iluminación eléctrica era todavía una hipótesis y Abraham Lincoln, al otro lado del océano, estaba combatiendo en una guerra de la cual no vería el fin.
Hervé Joncour tenía 32 años.
Compraba y vendía.
Gusanos de seda.
2.
PARA SER EXACTOS, Hervé Joncour compraba y vendía los gusanos cuando su existencia de gusano consistía en ser huevos minúsculos, de color gris o amarillo, inmóviles y aparentemente muertos. Bastaba la palma de una mano para tener millares. "Lo que se dice tener una fortuna en la mano.”
A principios de mayo los huevos se rompían, liberando una larva que, después de 30 días de febril alimentación a base de hojas de morera, procedía a encerrarse nuevamente en un capullo, para luego salir definitivamente dos semanas más tarde, dejando tras de sí un patrimonio que en seda hacía mil metros de hilo crudo y en dinero una bonita cantidad de francos franceses: suponiendo, claro está, que todo esto acaeciera en el respeto de las reglas y, como en el caso de Hervé Joncour, en alguna región de la Francia meridional.
Lavilledieu era el nombre del lugar en el cual vivía Hervé Joncour.
Hélene el de su mujer.
No tenían hijos.
3.
PARA EVITAR los daños de las epidemias que cada vez con mayor frecuencia afligían los cultivos europeos, Hervé Joncour llegaba incluso a cruzar el Mediterráneo para adquirir los huevos de gusano en Siria y Egipto. En eso consistía la característica más exquisitamente aventurera de su trabajo. Cada año, a principios de enero, partía.
Atravesaba mil seiscientas millas de mar y ochocientos kilómetros de tierra. Escogía los huevos, discutía el precio, los compraba. Después se volvía, atravesaba ochocientos kilómetros de tierra y mil seiscientas millas de mar y entraba de nuevo en Lavilledieu, de ordinario el primer domingo de abril, de ordinario a tiempo para la Misa Mayor.
Trabajaba todavía dos semanas más para poner a punto los huevos y venderlos.
El resto del año, descansaba.
4.
-¿CÓMO ES África? -le preguntaban.
-Cansa.
Tenía una gran casa en las afueras del pueblo y un pequeño laboratorio en el centro, justo enfrente de la casa abandonada de Jean Berbeck.
Jean Berbeck había decidido un día que no hablaría nunca más. Mantuvo la promesa. La mujer y las dos hijas lo abandonaron. Él murió. Nadie quiso su casa; así, ahora era una casa abandonada.
Comprando y vendiendo gusanos de seda, Hervé Joncour ganaba cada año una cifra suficiente para asegurarse a sí y a su mujer esas comodidades que en provincia tienden a considerarse como un lujo. Gozaba con discreción de sus haberes y la perspectiva, verosímil, de llegar a ser realmente rico lo dejaba del todo indiferente. Era, por otra parte, uno de esos hombres a los que les gusta asistir su propia vida, considerando impropia cualquier ambición de vivirla.
Se habrá notado que ellos observan su propio destino del modo en que la mayoría suele observar un día de lluvia.
5.
SI SE LO HUBIERAN preguntado, Hervé Joncour habría respondido que su vida continuaría así para siempre. Al inicio de los años sesenta, sin embargo, la epidemia de pebrina que había destruido los huevos de los cultivos europeos se difundió al otro lado del mar, alcanzando África y, según algunos, incluso la India. Hervé Joncour volvió de su habitual viaje, en 1861, con una carga de huevos que se reveló, dos meses después, casi totalmente infectada. Para Lavilledieu, como para tantas otras ciudades que fundaban su riqueza en la producción de seda, aquel año pareció representar el comienzo del fin. La ciencia se mostraba incapaz de comprender las causas de las epidemias, y todo el mundo, hasta en las regiones más lejanas, parecía prisionero del aquel sortilegio sin explicación.
-Casi todo el mundo -dijo despacio Baldabiou-. Casi -agregando dos dedos de
agua a su Pernod.
Ejemplo de tono en la novela 3: La flaqueza del bolchevique, de Lorenzo Silva
martes, 10 de junio de 2025
10º trabajo a realizar
Habéis visto que hay dos maneras de usar el narrador en segunda persona:
Lorrie Moore continúa con sus comparaciones curiosas y su cierto cinismo al mirar la realidad y al mirarse a sí misma la protagonista. Probadlo.
En resumen, intentad usar:
-Narrador en segunda persona: en imperativo o natural.
-Uso de elipsis
-Comparaciones y metáforas nuevas (modernas, urbanas)
-Cinismo autocrítico.