jueves, 1 de junio de 2017

Reglas para la superviviencia de la novela. Según Vicente Verdú

La nueva narración debe sustentarse en la ironía y en la escritura del yo, contar con la multiplicada sensibilidad del lector y atenerse a diez objetivos.
Que los últimos cinco premios Herralde de novela hayan recaído sin cesar sobre escritores latinoamericanos no debe considerarse un simple azar. La novela que todavía se premia responde al molde tradicional y este producto no se cultiva con la debida dignidad sino en la periferia del sistema. Sucede de la misma manera que con las películas de autor, que, si antes procedían de Italia, Francia o Alemania, ahora brotan en Irán, Irak, China, India, Argentina o Senegal, puesto que el cine de autor como la novela de argumento son productos que caducaron en territorios de la Metrópoli mucho antes de iniciarse el siglo XXI.
Paralelamente, así como en la pintura es inconcebible producir sin tener presente la fotografía, la televisión, los videojuegos, el avión, los grafitis o cualquier pantalla, en la narración es torpe seguir como si no existiera publicidad, correo electrónico, chats, cine, YouTube, MySpace o la blogosfera. Quienes en los países donde se han desarrollado las nuevas formas de comunicación continúan redactando novelas a la antigua usanza atienden sólo a los lectores vetustos, incomunicados o burdos. Y también a los que aprecian los libros en cuanto les parecen películas o telefilmes impresos y en donde la escritura cumple la simple función de entretener durante el trayecto en avión o metro.
Nada que ver, pues, con el carácter propio y especial de la escritura literaria, en donde la nueva narración debería caracterizarse por estos diez componentes, al menos:
1. La novela actual -o como quiera llamarse- deberá mostrarse enérgicamente resistente al intento de trasladarla al cine, al telefilme o a la vida el videojuego: la literatura hoy más que nunca debería alzarse como intransferible porque las historias novelescas al aroma del siglo XIX han sido ya usadas con diferentes métodos de explotación y lo fueron, precisamente, porque no existían entonces los guionistas a granel que actualmente redactan para crear productos audiovisuales. El destino de aquellas novelas fue atender precisamente a una demanda general sin capacidad para vivir otras vidas adicionales que no fueran las servidas por la fantasía de los libros.
2. La fantasía, la intriga -y tanto más cuanto más enrevesada resulta- debe considerase un recurso estereotipado e indicio, a la vez, de no aspirar a mucho más que un sudoku. Cualquier obra literaria actual debe insistir más que nunca en la categoría de su escritura. Es decir, en su habilidad para hacerse indispensable como medio de conocimiento y comunicación peculiar, insustituible en la iluminación y la clase de disfrute que procura. El gusto de la lectura se obtendrá no del artificio argumental, el suspense policiaco, los agentes especiales, los cofres por descerrajar o los misterios divinos, sino de la intensa degustación del texto, sin necesidad de conspiraciones ni extrañas travesías. Los intríngulis de esta literatura son más intríngulis que literatura. Vale para lo que vale y ni una distinción más.
3. No habrá de valerse la obra de ninguna estructura prefabricada mediante la cual el lector será conducido entre añagazas del oficio hasta la apoteosis final, tan propia de las antiguas revistas y la vulgaridad en las prestaciones. La narración literaria consciente de sí no aspirará a apoteosis final alguna tal como el destino tampoco existe en el proyecto vital de ahora, mientras la metafísica se disipa.
Lo que sucede día a día tiene hoy la forma del accidente y el carácter de la inmanencia, posee la belleza de lo instantáneo y la inteligencia de la negligencia. Ha terminado el proceso, la idea de la historia y de su trascendencia. Lo que cuenta es la belleza de la inmediatez, el texto convertido en un gozoso bocado de por sí.
4. La fragmentación de las historias, con sus anotaciones e intervalos mentales, tiende a copiar del blog y de la comunicación fragmentada omnipresente. Una novela contemporánea que no haya asumido esta clase de comunicación se ahogará en su jactancia. La ignorancia del blog y de los mensajes cortos, del discurso corto y cambiante, puede llevar, excepcionalmente, a una obra apreciable pero se tratará de esa clase de valor que encuentran las alhajas y los cuadros escondidos en el polvo de los museos. Una obra viva debe tener en su alma la actuación de su presente porque de otro modo contribuirá a hacer de la literatura la estampa de una dedicación embalsamada. ¿La muerte de la literatura? Sin duda diversos novelistas de hoy perviven gracias al culto funerario del género y al amparo de lectores melancólicos que transpiran alcanfor.
5. El desarrollo pues del libro no obedecerá a un hegemónico hilo argumental sino a una red de experiencias que hiladas, entrecruzadas o en racimo planteen un tutti frutti para el multipolar lector de hoy. Las obras con hilo -o cable- que se lanza pero que se enreda, que da a entender esto pero resulta ser lo otro, que juega, en fin, con el lector, denota no poseer otra cosa mejor de la que vivir y comercia con artículos de feria. Obras de escritores que imitan arrobados a aquellos otros que se ganaban la vida gracias a que sus clientes los leían o los escuchaban leer a la luz de las velas y, en general, no habían salido de la provincia.
6. La novela eminentemente nueva no deberá, desde luego, agarrarte por el cuello y llevarte así, del pescuezo, hasta su final, entre meandros y malabares. Contrariamente a estos modos circenses, la buena novela del XXI considerará la multiplicada sensibilidad del receptor mediático y la interacción. Estimará la belleza eficiente de la forma, la seducción estética y no el uso instrumental o perruno del lenguaje. Es decir, la lectura no será una ansiedad que, entre jadeos y vigilias, buscará cuanto antes la revelación de la última página sino que paladeará cada párrafo a la manera de la slow food.
Lo propio de la literatura excelente será, hoy más que nunca, la belleza y perspicacia de la escritura. Para contar una historia hay ahora abundantes medios, desde el telefilme al vídeo, más eficaces, más plásticos y vistosos. La escritura, sin embargo, es insustituible en cuanto agudiza su ser, emplea las palabras exactas y no la palabra como un andén para llevar la obra a otra versión.
Los novelistas que escriben con la ambición de ser llevados al cine delatan su menosprecio por la escritura. O su incompetencia. Mejor harían con emplearse de cuentacuentos o copys.
7. El cine, la televisión, la realidad virtual pueden presentar escenarios y vicisitudes con mayor riqueza exterior pero la peripecia interior es el juego especial de la escritura y su máxima legitimación. Si la novela, el cuento, el ensayo, el libro, en fin, se justifica todavía sólo alcanza su indiscutible mérito en esta dirección. La dirección propicia para explorar en el interior de uno mismo o del otro hasta la extenuación.
8. ¿Ficción? Si la obra literaria, las fórmulas matemáticas, las piezas musicales son siempre y en todo caso autobiográficas, entonces ¿para qué fingir? Si, como se reconoce, la realidad supera siempre a la ficción, entonces ¿para qué fantasear? El autor habla mucho mejor de lo que conoce personalmente y peor de lo que maquina deliberadamente. La ficción, en fin, pertenece a los tiempos anteriores al capitalismo de ficción. Si la literatura aspira a conocer algo más sobre el mundo y sus enfermos su elección es la directa, precisa y temeraria escritura del yo.
La transmisión de lo personal da sentido, carácter y contenido a la comunicación. No hay comunicación sin comunión, no hay comunión sin comunidad, no hay comunidad sin sinceridad, no hay sinceridad sin volcar lo personal.
9. La voz, en consecuencia, será la de la primera persona del singular. Trato directo entre el autor y el lector, entre las aventuras, las pasiones o los dolores que se comparten en la secuencia del texto.
El estilo en tercera persona es hoy el colmo de la falacia, la hipocresía, la cursilería, el amaneramiento o la vana pretensión de saberlo todo por parte del narrador a la manera insufrible de la voz en off en los años cincuenta del cine. No hay verosimilitud en esa voz que ahora se recibe como el cénit de la impostación, el reverso de la verosimilitud y la frescura. El autor/creador, que se endiosa atribuyendo a sus personajes el don de criaturas que adquieren vida propia, se despeña en su misma metáfora de acartonado Frankenstein.
10. Mejor haría en jugar y reírse de sí mismo porque ahora, toda obra de aire severo, sin humor, carece de un lugar soleado en el mundo de la comunicación. Podría decirse, incluso, que ninguna obra sin humor forma parte de la producción intelectual inteligente puesto que ningún genio en la historia de la humanidad prosperó sin la ironía sobre sí mismo. Los novelistas más serios son a la vez los más tediosos y, como corolario, los peores.
Sin ironía no hay contemporaneidad, sin ironía no existe visión de la iridiscencia del mundo y su variable composición.

Frente a estos diez virtuosos componentes se cometen los correspondientes pecados capitales. La novela -o como quiera que se llame- sin insustituible escritura, sólo con tema, se suicida actualmente por falta de destino. Muchos leen y suponen que están leyendo literatura o incluso un libro cuando, en realidad, prestan su atención a enmascarados guiones de cine, borradores de telefilmes o largos bocadillos de cómic. También, claro está, leen como algo contemporáneo a los sucedáneos del siglo XIX, sin cuestionarse su momificación, bien porque amen la palidez del vintage, abracen el olor a polvo, o bien porque no posean sentido del gusto en general.

El lector, como el consumidor, hoy más que nunca, se encuentra en condiciones de elegir entre una oferta muy personalizada, surtida y extensa. De su elección depende dar vida a los novelistas que escriben como estafermos o no.
La novela puede ser de este modo tanto un asunto de guardarropía, un legado apreciable como fruto histórico, o una literatura donde el autor, todavía vivo y despierto, se desafía para conocerse, conocer y comunicar. Todo ello sin la obispal solemnidad de los novelistas a la violeta que siguen autoestimándose como demiurgos y atribuyen a la literatura una supuesta misión de libertad, de salvación universal y de formidables tontadas por el estilo.

El novelista, como el pintor o el diseñador, como el compositor o el arquitecto, son trabajadores que, como todos los demás, tratan genéricamente de mejorar la vida. Nada de diferencias entre el productor y el creador, el trabajador y el artista. Unos y otros con sus condiciones y habilidades tratan de colocar su mercancía y se interesan por el placer que provocan en el receptor. ¿Gozos divinos? ¿Placeres indecibles? Zarandajas: el placer sólo reconoce la verdad o el sucedáneo, la ficción del placer, sólo distingue entre buenos y malos amantes. Brillantes y opacos escritores, como lúcidos y lelos ebanistas, lozanos y mustios cantautores, actrices o masajistas. -

Apuntes técnicos para crear una novela

Una novela es:
UN MODELO DE VIDA
Intenta conseguir que el lector aprenda algo de sí mismo.
LAS NOVELAS SON UN BÁLSAMO (UN UNGÜENTO) QUE SE ADAPTA A NUESTRAS HERIDAS INTERNAS.
Debe aportar soluciones para resolver problemas.
Debe ser una explicación racional y emocional.

Prueba de que un libro sea bueno:
Cuando lo termino de leer me siento diferente, más rico.

UNA NOVELA ES UNA INVESTIGACIÓN sobre un tema.

Estructura:
Partes:
Idea generadora. Proposición que el autor debe probar al lector (algo así como: esta novela pretende demostrar que la pena de muerte es injusta).
Sólo debe haber una idea generadora.
Debe explicar valores culturales.
Debe contener un conflicto.
Título
El público objetivo. Saber para quién escribimos la novela.
El tema
El género
El foco Basado en un tema
La situación. En el tiempo y el espacio
         Escribir sobre una situación que conozcamos.
El conflicto Acumulación de problemas que crean un nudo. No es el  problema.
Una novela debe entrar en la intimidad de quien tiene un conflicto.
El conflicto es el detonante de la historia.
Un conflicto tiene muchas caras.

El argumento. Dos partes:
1. Historia objetiva. El soporte.
2. Historia subjetiva: La visión desde dentro de ese conflicto

4 líneas maestras:
La historia objetiva
El personaje principal (Debe aparecer en primer lugar. Sólo puede haber uno).
El personaje obstáculo.
La historia subjetiva.

jueves, 16 de marzo de 2017

Tipos de narrador

TEORÍA SOBRE EL PUNTO DE VISTA EN LA NARRACIÓN

El punto de vista es el ángulo de visión que adopta el narrador para contarnos su historia. Por eso se habla también de focalización: el punto óptico del narrador se convierte en un foco desde el que se irradia la acción.
La diferencia principal para clasificar los tipos de narradores proviene del hecho de que éstos estén o no dentro de la acción que narran: si está dentro de la narración, entonces el narrador es un personaje de la historia; si por el contrario está fuera de la acción, no aparecerá en ningún caso como personaje.

Tipos de narrador (resumen)

Internos:
1. Narrador protagonista: Narra desde dentro de la historia. Es un personaje. Y es el protagonista.
2. Narrador testigo: lo cuenta, aparece, pero él no es el protagonista.

Externos:
1. Externos alter ego: el narrador, que está fuera de la historia sabe lo que piensa y siente sólo el protagonista. Nos puede llevar a engaño porque pareciendo un "ente" externo, es como la voz del personaje y le creemos más de lo necesario. (Se explicará en clase).
2. Omnisciente: lo sabe todo y juzga. 1B: Omnisciente alter ego: sólo sabe lo que piensa y siente el protagonista, de los demás sólo los ve.
2. Deficiente: que no sabe nada: como una cámara de cine. No se dice lo que sienten.

Según esta idea, los narradores se clasificarían de la siguiente manera:
NARRADORES INTERNOS
(o narradores que intervienen en la narración como personajes)
-Narrador protagonista
-Narrador testigo

NARRADORES EXTERNOS
(O narradores que no pertenecen ni participan en la acción)
-Narrador omnisciente
-Narrador deficiente

NARRADOR INTERNO: NARRACIONES EN PRIMERA PERSONA
Desde el momento en que el narrador está dentro de la acción, la selección de lo que se cuenta es lógica: todo aquello en lo que no haya participado ese "yo", tampoco debe entrar en la narración (a no ser que alguien se lo cuente, claro...) La elección está en decidir si el narrador será protagonista o testigo. Veamos las características de cada uno:
- Narrador-Protagonista
El protagonista nos cuenta con sus propias palabras lo que siente, piensa, hace u observa. La acción del relato es la historia de ese personaje y todos los personajes menores existen a través de ese narrador-protagonista. Si se dedica a contar sólo lo que ve y hace, la narración será objetiva; si además emite sus pensamientos, sentimientos y elucubraciones, la narración será interna y subjetiva.
Valga como ejemplo Carta a una señorita en París de Julio Cortázar.
- Narrador-Testigo
En este caso, el narrador queda en las márgenes del relato, es decir, no es el protagonista sino un personaje secundario que nos cuenta las andanzas de ese protagonista. Un caso claro de narrador-testigo es el del Doctor Watson que nos refiere las andanzas de Sherlock Holmes, en las que él, aunque esté mezclado, no es el personaje principal.
La mayoría de la novela negra americana ha sido narrada utilizando este punto de vista de narrador-testigo: el detective es testigo de la trama que comienza a investigar y no sabe más que el lector acerca de ella. Así el lector va descubriendo e intrigándose con las mismas cosas que el detective.
Esta forma de narrar no nos da acceso a la vida interior del protagonista más que de forma limitada. El narrador testigo no puede referirnos lo que piensa o siente sino a través de las imágenes, y nunca a través del flujo mental del protagonista, puesto que no está dentro de él. A veces este testigo no participa siquiera en la acción, sino que la cuenta o la lee en cartas.

NARRADOR EXTERNO. NARRACIONES EN TERCERA PERSONA.
Narrar en tercera persona presupone que el narrador no va a intervenir en la acción. No existe como personaje, la narración discurre por sí sola sin que el yo intervenga. En este caso tenemos tres opciones:
-Narrador externo alter ego.
Sabe lo que piensa y siente sólo el protagonista. De los demás habla como un narrador externo deficiente.
-Narrador Omnisciente.
Este tipo de narrador es dios en el microcosmos de la acción que se cuenta. Lo sabe todo: el principio y el final de la historia, lo que los personajes sienten, piensan y hacen, lo que deberían haber hecho y no hicieron, lo que soñaron, lo que recuerdan, lo que olvidaron y lo que desean y odian. Es un dios que penetra en la conciencia de los personajes y desvela los escondites de su personalidad.
Dentro de este tipo de narradores está el alter ego. Que sólo sabe lo que piensa y siente el/ la protagonista. De los demás sólo sabe lo que el protagonista ve, escucha o piensa de ellos. Un ejemplo de esta narración es La aventura de un lector de Ítalo Calvino
-Narrador deficiente:
Imaginemos una cámara de cine: con ella podemos seguir a los personajes donde vayan, observar sus gestos y sus reacciones, saber de sus lágrimas, gritos, palideces y rubores, pero será el lector quien interprete las emociones de los personajes y no el narrador. Podemos tener conocimiento de sus actos, de lo que dice, pero nunca penetrar en su mente o saber lo que han soñado esa noche.
El narrador deficiente deja de ser un dios, es paralelo al narrador-testigo pero, a diferencia de él, no es un personaje y por tanto, no está presente en la acción. Buenos representantes de este estilo son los escritores del realismo sucio como Carver o Bukowski.


VENTAJAS Y DESVENTAJAS
DE LOS DISTINTOS TIPOS DE NARRADORES
Aunque en el género del cuento, por su brevedad, suela usarse un sólo narrador, la novela actual ha tendido a romper todos los corsés a los que estaba sujeta y ahora es frecuente leer novela que poseen más de un tipo de narrador.
- Los narradores en primera persona han sido considerados más verosímiles que los de tercera porque siempre se tiende a creer más los informes directos que los indirectos; sin embargo, estos narradores son esencialmente subjetivos y nos presentarán sólo una parte de la acción o bien un único aspecto de los personajes y crean muchos problemas porque a veces el escritor salta de la primera persona al narrador omnisciente (nunca el narrador en primera persona puede saber lo que piensa otro personaje).
- El narrador omnisciente, por ejemplo, es propio de la novela del siglo XIX, pero en la novela actual se le considera desfasado porque construye una narración demasiado forzada y poco humana. Es el más sencillo de utilizar porque no tiende a dar problemas formales.
- El narrador deficiente crea frialdad, recuerda el lenguaje cinematográfico y puede quedársenos demasiado en la superficie. Requiere una trama argumental muy interesante porque no puede esconderse en sentimientos ni en percepciones subjetivas del autor.

Aunque estos tipos de narradores sean los "formales", ha estallado un universo de combinaciones y variaciones incontables entre ellos.
Narrador externo omnisciente con personalidad, pero sin llegar a convertirse en un personaje.
Narrador en segunda persona.

Es imprescindible, aunque luego se quieran romper normas, conocer -y dominar- estas normas y estructuras.


TIPOS DE CONSTRUCCIÓN DE NOVELAS

1. Un personaje o personajes que evolucionan sin saber hacia dónde, pero dentro de una trama argumental lineal. Es interesante que sea un personaje rico en matices para que pueda dar juego. El tono es fundamental para dar unidad. Un ejemplo básico es Cien años de soledad.

2. Un personaje o personajes que evolucionan a través de distintas pequeñas historias o aventuras inconexas entre sí. Un ejemplo básico de este tipo es El Quijote.

3. Una historia previamente construida en la totalidad de su esquema argumental. A este modelo responden los best-seller. Un ejemplo básico de este tipo es Los pilares de la tierra de Ken Follett